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El muslo es una de las piezas que mejor se llevan con la freidora de aire. Tiene más grasa que la pechuga, así que perdona mejor el calor y sale jugoso por dentro sin que tengamos que estar pendientes de que se seque. Y la piel, bien trabajada, queda crujiente de verdad. Yo lo hago casi todas las semanas: es de esas recetas que parecen de domingo y se resuelven en un rato.
Eso sí, os aviso desde ya de algo importante: los tiempos y las temperaturas que doy son orientativos. Dependen del modelo de freidora (no todas calientan igual ni tienen la misma cesta), de la cantidad de piezas que pongáis y del grosor de cada muslo. Lo que a mí me funciona en mi cocina puede necesitar dos o tres minutos más en la vuestra. Por eso lo mejor es empezar por la parte baja del rango y comprobar.
Ingredientes (para 4 personas)
- 8 muslos de pollo, con piel y hueso (mejor si son de tamaño parecido, para que se hagan por igual)
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de pimentón dulce
- 1 cucharadita de ajo en polvo
- 1 cucharadita de tomillo o romero seco
- Sal y pimienta negra al gusto
- Opcional: unas gotas de limón antes de servir
No hace falta pan rallado ni rebozado. El truco del crujiente está en la piel y en secarla bien antes de cocinar. Si os gusta el toque ahumado, cambiad el pimentón dulce por ahumado; si preferís algo más picante, una pizca de cayena no sobra.
Cómo lo preparo paso a paso
1. Secar la piel. Este es el paso que más se salta y el que más se nota. Saco los muslos de la nevera, los paso por papel de cocina y los dejo bien secos por fuera. Si la piel está húmeda, no cruje: se cuece al vapor.
2. Adobar. En un bol mezclo el aceite con el pimentón, el ajo en polvo, el tomillo, la sal y la pimienta. Unto los muslos por todos lados, también por debajo de la piel si puedo, con cuidado de no romperla. Los dejo reposar unos 15-20 minutos a temperatura ambiente. Si los tenéis más tiempo, mejor a la nevera y los sacáis un rato antes de cocinar.
3. Precalentar. Precaliento la freidora unos 3-5 minutos a 180 °C. No todas las freidoras tienen precalentado como tal; si la vuestra no lo tiene, ponedla unos minutos en marcha en vacío. El calor de salida cambia mucho el resultado.
4. Primera tanda, piel hacia arriba. Coloco los muslos en la cesta sin amontonarlos, con la piel mirando hacia arriba y un poco de hueco entre ellos. Si son grandes o son muchos, mejor hacer dos tandas: el aire tiene que circular. Cocino a 180 °C unos 20 minutos.
5. Dar la vuelta y subir el calor. A mitad de cocción, sobre los 10-12 minutos, les doy la vuelta con unas pinzas y vuelvo a colocarlos con la piel hacia arriba. Después subo a 200 °C otros 8-12 minutos para que la piel se dore y cruja. Aquí es donde hay que vigilar: cada freidora dora a su ritmo y en los últimos minutos se pasa de crujiente a quemado con facilidad.
6. Comprobar y dejar reposar. Pincho en la parte más gruesa, junto al hueso. Si sale claro y la piel está dorada, están listos. Los saco y los dejo 5 minutos sobre una rejilla o un plato, tapados ligeramente con papel de cocina, para que los jugos se repartan. Si los cortáis nada más salir, se escapa el jugo y quedan más secos.
En total hablamos de unos 30-35 minutos orientativos para muslos de tamaño normal. Si son muy gruesos, añadid minutos en la fase de 180 °C, no en la de 200 °C, para no quemar la piel antes de que se haga el centro.
Consejos de cocinera
- Piezas del mismo tamaño. Si mezcláis muslos grandes y pequeños, los pequeños se pasan. Mejor separarlos por tamaños y hacer tandas.
- No llenéis la cesta. Una sola capa, sin montones. El aire caliente tiene que pasar entre las piezas; si están apretados, se cuecen y no crujen.
- La piel, siempre hacia arriba al empezar. Así la grasa se funde y va bañando la carne mientras se dora la parte de arriba.
- Sal al final, si os gusta el crujiente máximo. Una pizca de sal gruesa justo al sacarlos les da un punto estupendo. Si saláis antes, la piel suelta agua y cuesta más dorarla.
- Rejilla o rejilla metálica. Si vuestra freidora trae una rejilla para la cesta, usadla: el muslo no se queda en el jugo que suelta y la parte de abajo también se dora.
- El limón, al final. Unas gotas de limón recién exprimido por encima, ya en el plato, levantan mucho el sabor sin enmascarar el pollo.
Errores habituales
- Piel mojada. Ya lo he dicho, pero insisto: secarla bien es la mitad del crujiente. Y no la pinchéis con el tenedor, que se escapa la grasa.
- Poner demasiados a la vez. Es el error más común. Si tenéis prisa, haced dos tandas seguidas: la segunda sale igual de bien porque la freidora ya está caliente.
- Cocinar solo a temperatura alta. Si empezamos a 200 °C, la piel se tuesta por fuera y el centro queda crudo. La secuencia 180 °C y luego 200 °C funciona mejor.
- Abrir la cesta cada dos por tres. Cada vez que abrís, baja la temperatura y el pollo tarda más. Mirad por la ventana si la tiene, y si no, abrid solo para dar la vuelta.
- Cortar en caliente. Dejad reposar esos cinco minutos. Se nota muchísimo en la jugosidad.
Qué acompaño
Con unas patatas en la freidora de aire, una ensalada verde y un poco de pan, tenéis una comida redonda. Si os sobra pollo, desmenuzado en frío está buenísimo para una ensalada o un bocadillo al día siguiente.
Nota
Los tiempos y temperaturas de este artículo son orientativos y dependen del modelo de freidora, de la cantidad de piezas y de su grosor. Empieza por la parte baja del rango, comprueba el punto y ajusta según tu equipo. No incluyo datos nutricionales ni de calorías porque no dispongo de una fuente pública que pueda citar aquí; si los necesitas, consulta una fuente oficial. Para cualquier duda de seguridad alimentaria con el pollo, acude a las recomendaciones de un organismo oficial de consumo o seguridad alimentaria de tu país.

